jueves, 18 de enero de 2018

Amor propio (lujuria)




A veces ella prefiere quedarse en casa a acariciarse.

Recorre sus montañas,
el río de sus dedos 
lamiendo
cada
curva.

Mordiendo cada minuto,
gimiendo
cada
segundo.

Se le enreda un nudo entre las piernas,
y se deshace en algodón 
en un grito que ensordece todo
lo que no sea amor propio.

Parpadea
y cada golpe de sus pestañas
para
el
mundo.

Y grita su amor,
abrazándose a sus dedos,
como quien aprieta su felicidad
para que no se vaya.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Pensamiento corto número ocho.




Se me llena el pecho de incertidumbre
cada vez que cuento tus lunares
y
me
falta
uno.

Metrónomo


Vello en el estómago,
la piel de gallina,
unos dedos
que me obligan
a amarte
aunque no quiera hacerlo.

Te enredas en mi,
condicionas los latidos de mi corazón
como si fueses
un
puto
metrónomo,
y yo el instrumento
que suplica ser tocado.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Le bisou ,Rodin (1882)


Avaricia de la carne.

Aceptada,
devorada
con el apetito
de un alma
que ansía otro alma.

Calor,
humanamente puro;
canalizado en un cuerpo
que arde,
se quema
y se entrega enredado a otro.

Desnudez.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Lluvia





A Helena.





Lluvia sonríe
y se me apaga lo malo.

Aparece
y me cala tan dentro,
que dejo de ser yo
para ser parte de ella.

Me abraza con los ojos,
en un intento involuntario
de hacer
que me vuelva a sentir entera.

Se me mete entre las pestañas
con la sutileza necesaria,
como para romperme el aire
y liberar el peso
que me atormenta los pulmones.

Lluvia es buena para el alma,
aunque no sea consciente de ello.

Lluvia me da vida;
me hace crecer
y amar.

Lluvia es tan fuerte,
que a veces es tormenta.

Hace que se me ponga el corazón blandito,
y me abraza.

Lluvia:
Me quiero seguir empapando,
jugando a saltar tus charcos,
y calarme hasta los huesos de ti.

De algo tan bonito como tú.

sábado, 21 de octubre de 2017

En la garganta una arruga

Bebo de mi tristeza,
alimentando el ansia
de mi mente,
de destrozarme,
destruirme,
aplastarme entre sus dientes
siempre voraces de miedo y rabia.

Se me encoje el alma
ante lo difícil de repirar
de existir.

En la garganta una arruga
de miedo,
opresión
y asfixia.

Una bola de cosquillas
cargadas de maldad,
me niega lo evidente.

¿Me odio?
Me odia.

Llueve en mis mejillas.

Pocas cosas duelen más que el olvido.

Mis hombros bailan,
y se estremecen
al ritmo de mi tristeza.

La risa es placer
olvidado y odioso.

Muero por dentro.

Soy una planta a la que siempre se olvidan de regar.

Pero luego yo,
la inundación,
la salvación,
recupero el agua perdida en mi océano de lágrimas;
y la hago mía ,
sanando esa sequía
que me arruina y me seca
cada
día
un
poco
más.

lunes, 16 de octubre de 2017

Ella, Galicia

Ella
mi amor terrenal,
la única con capacidad de llenarme,
la que me inspira.

Arde de impotencia,
se quema de rabia
en bolboretas* de ceniza.

Me rezuman los ojos de rabia.

Me retumba el corazón en el pecho,
con fuerza,
se hace pequeño,
y me aprieta.

La avaricia,
enemigo incansable,
se lleva a bocados de fuego
mi esperanza,
mi verde,
mi hogar.

Su risa crepitante
ruge en mis entrañas.

Iluminando mis ojos
el fuego,
enemigo de lo bueno,
de lo libre,
de mi tanto.

Un trozo de mi está ardiendo,
me han quemado,
calcinado.

Macabro el sonido del dinero,
que sobre mi sagrada tierra riega sus pasos.

Siembra mi miedo,
siembra mi odio,
riegan sus pasos.

Me abrazo a la lluvia,
para que cure,
para que sane y cicatrice,
con su lenguetazo de vida
esa tierra,
Galicia,
mi alma.





Bolboreta: Mariposa en gallego.